María Cicuéndez Luna

Periodista especializada en Crecimiento Personal

TUS EMOCIONES TE HABLAN

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Las emociones buscan vías de expresión para contarnos cómo somos, cómo sentimos, cómo evolucionamos. El punto de partida base de la educación emocional sería reconocer la importancia de hacer caso de nuestras emociones, tomar el tiempo para conocerlas, identificarlas, escucharlas, utilizando el canal de expresión apropiado en función de cada emoción.

La música, el baile, el canto, el deporte, la escritura, caminar en la naturaleza, son vías de conexión con uno mismo para facilitar este punto de encuentro con nuestro propio corazón.

Cuenta un proverbio africano que hay que “darle un momento a tu alma para que te alcance”. Esta poética enseñanza hace alusión a la necesidad de pararnos a escucharnos cuando vamos demasiado deprisa en la vida. A ritmo africano invita a conectar con nuestros propios ritmos internos.

Los celtas, por su parte invocaban a la diosa Maeve para conectar con los ritmos de su cuerpo. Interesante descubrir que el cuerpo, compañero de caminos y sagrario del alma, puede llegar a ser un gran desconocido para la mayoría. La sociedad nos enseña la importancia de cuidarlo para estar sanos y ser queridos por los demás, para ser aceptados, pero pocas personas aprenden a amarlo tal y como es, a escucharlo, a comprenderlo y a respetarlo sobre todas las cosas.

La autora Louise Hay dedicó gran parte de su vida a la importancia de amarse y de mantener un sano equilibrio cuerpo mente como base de salud. Consejos que aplicó para superar el cáncer y vivir una próspera y larga vida. Louise tuvo la sabiduría de entender que la medicina tradicional funciona mejor cuando va acompañada de la comprensión del alma.

Médicos vocacionales como el cardiólogo Valentín Fuster, presidente de la Federación Mundial del Corazón o Brian Weiss, que ejerció como jefe del área de psiquiatría del Hospital Monte Sinai, saben de la importancia de vincular el estado emocional del paciente con su revisión puramente física. Por esta razón, las revisiones anuales son incompletas si no van acompañadas de un conocimiento más profundo del paciente.

Dicen que las mujeres somos cíclicas como la luna y que, como ella, cambiamos de estado todos los meses. Para entender a la luna, cada mujer tiene que pasar por un proceso de contemplación de sí misma. En el caso de las revisiones ginecológicas, la mujer no puede someterse a una puesta a punto como si pasara “la inspección técnica de su vehículo”. No hay nada más impersonal que someterse a esa tortura. Esa revisión estará incompleta si no va acompañada de una autoescucha facilitada por una forma de expresión como podría ser la Biodanza. A través del baile, en este caso la mujer, podría conectar con su propio latido, si Maeve le concediera el don de entender los ritmos de su cuerpo.

Con frecuencia buscamos ser comprendidos por otros, ¿Qué tal empezar por nosotros mismos?…  A este respecto, una canción infantil dice: “¿Qué se te ha perdido?…  Da tres vueltecitas y lo encontrarás”…

Quizás haya que marearse un poco antes de identificar esa vía de expresión tan necesaria en un mundo marcado por el ruido. Dicen que el sonido más bello es el silencio, solo entrando en él, las emociones encuentran la forma de expresarse.

María Cicuéndez

Author: María Cicuéndez Luna

mariacicuendezluna@gmail.com

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