María Cicuéndez Luna

Periodista especializada en Crecimiento Personal

DESTELLOS DE VIDA EN UN PARQUE

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Hay lugares de paz donde la Vida pasa entre árboles y flores, son los parques. Lugares de tránsito, donde reposar a la sombra del emparrado de las lilas.

Mientras unos pasean, otros permanecen sentados en sobrios pero acogedores bancos de madera, curtidos por la lluvia y el sol.

La madre habla con su hija que le sonríe, el anciano mira a su cuidador con ojos suplicantes, éste le anima a dar un pasito más: “¡Venga Don Antonio que Vd. Puede!”. Las señoras del fondo cotorrean sin dar tregua, en una animada conversación. Los abuelos rejuvenecen haciendo carantoñas a sus traviesos nietos, se sienten útiles cuidándoles. Los adolescentes roban besos, mientras los niños se tiran globos de agua en torno a la fuente.

Los jubilados se esmeran en darle ritmo al cuerpo en paseos que forman parte de una rutina nueva. Los parados miran el móvil, ansiosos, en busca de respuestas laborales. La señora inglesa del sombrero parece estar en otro mundo ¡Será el calor!… Las filipinas parlotean en tagalo, mientras “los runners” buscan su hueco entre el bullicio. Meten la cabeza bajo la generosa fuente para refrescarse. Los de los perros tienen su coto privado en verde césped y los futbolistas su campo sellado a golpe de pelotazos.

La Rosaleda atrae a los amantes de las flores, a los románticos y a los que buscan “la foto”. Los patinadores y los de las bicis se abren paso entre los árboles y la gente. A la hora de comer, algunos sacan el tupper, antigua fiambrera, para comer con timidez o con un hambre nada disimulada.

La vida pasa desde el banco de madera, desde el que como a Forrest Gump, me cuentan sus vidas, pero sin saberlo… Una anciana señora, sentada a mi lado, parece darse cuenta y me sonríe. Me habla, me cuenta que fue huérfana de guerra, hija de una de las  13 Rosas. Dice que desde niña solo busca la armonía. Capta mi atención ¿Cuántas veces le habla a uno la vida?… ¡Escucho!

Paulina me indica que aprenda a dirigir mi atención fuera del ruido, que no me deje involucrar en guerras ajenas, ni cotilleos, aunque quieran liarme… que ejercite la ternura y libere mi mente, como hicieran Mandela y Ghandi…

Aprender a vivir, según Paulina es darse lo que uno necesita, intentando trabajar en algo que se ame, viajar y dejar un legado rico en experiencias. La hija de una de las 13 Rosas, no tiene interés en la política, sino en las personas. El jardinero que lo escucha de paso, se acerca y nos regala un ramo, pero a una niña pizpireta que juega cerca, no le llaman la atención las 13 rosas… sino mi colgante de amatista. ¡Grita sorprendida que es el amuleto de la Princesa Sofía de Disney! Parece ser que le permite entender el lenguaje de los animales… ¡Cada loco con su tema!…

La Vida pasa como un remolino de aire entre la gente, cae la tarde. El sol se posa en el interior del redondo depósito del agua, como en un Sagrario, derramando su gracia de ocaso en todos.

Hay lugares de paz, donde la vida pasa entre los árboles, las flores, los animales y las personas. Cuentan sus vidas sin saberlo…

María Cicuéndez

 

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Author: María Cicuéndez Luna

mariacicuendezluna@gmail.com

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