María Cicuéndez Luna

Periodista especializada en Crecimiento Personal

ACEPTA CADA ETAPA DE TU VIDA

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Una actitud comprensiva y positiva es la clave para superar crisis existenciales

En la sociedad actual donde prima “la búsqueda de la eterna juventud” previo paso por el cirujano estético, cobra mayor valor concienciarse de “la estética del alma” y de la aceptación de todas las etapas de la vida como puertos necesarios en el recorrido y aprendizaje hacia uno mismo.

Al haber perdido la conexión con nuestros ancestros y con el olvido de celebrar reuniones familiares, sinceras y deseadas, para dialogar y pasar las enseñanzas de vida de padres a hijos, tíos y sobrinos, abuelos y nietos, el concepto de nutrirse de las enseñanzas familiares ha perdido sentido y por tanto ha dejado de ser buscado, dejando a la sociedad huérfana en medio de sus propios parientes.

Las comunidades indígenas de distintos lugares del planeta tienen en común el respeto hacia su linaje y la posibilidad de enriquecerse de la sabiduría grupal. Mientras que en occidente el creciente índice de divorcios, de madres solteras  y madres adolescentes, además del aumento de la violencia y de la delincuencia,  la dependencia a adicciones, la pérdida de valores, entre otros problemas sociales, son consecuencia de la desintegración de la comunidad y de la pérdida de la comunicación como herramienta de entendimiento en todas las familias, dejándonos sin la posibilidad de madurar bajo el calor del seno familiar.

En estas condiciones, y bajo las exigencias de una sociedad altamente competitiva, muchas personas han pasado de enriquecer a su familia con la aportación de su experiencia vital, a competir por tener un nivel de vida superior al de los miembros de su propia familia.

Por tanto, en muchas ocasiones, nos encontramos con la responsabilidad de ganarnos el pan y de encontrar nuestro hueco en la sociedad, sin contar con referentes y teniendo encima que alcanzar las altas cumbres del éxito y del bienestar económico. En este proceso de madurez, en occidente, muchas veces crecemos y pasamos de una fase de vida a la siguiente sin tomar conciencia de lo que significa ser niño, adolescente, adulto y anciano. En general tendemos a vivir de una manera lineal pasando por alto lo que conlleva cada etapa  y negándonos a aceptar sus aprendizajes.

Sin darnos cuenta, con frecuencia, nos quedamos anclados en una etapa y no sabemos avanzar y crecer, sin dolor ni sufrimiento, permaneciendo estancados en las fases de la vida y tergiversando los roles familiares. En búsqueda de la protección de los padres, hay adultos que no se permiten madurar y a pesar de su edad mantienen un comportamiento infantil, buscando, en muchas ocasiones la figura paternal o maternal en su cónyuge. Mientras que en la tercera edad es muy común sentirse desarropado por la sociedad y tirar la toalla ante una vida ya sin sentido, debido al miedo a la enfermedad, al abandono y a la muerte.

Es por tanto fundamental responsabilizarse del crecimiento de los niños en valores positivos, acompañar a los adolescentes en ese periodo hacia la madurez en el que la incomprensión les hace sentir desvalidos, aprender a escucharnos desde el cariño en la etapa adulta, cuando las responsabilidades  bombardean provocando crisis existenciales.

Para quitarle hierro a esta etapa adulta, dicen con un gran sentido del humor, que cuando los hombres empiezan a ponerse camisas rosas y las mujeres quieren parecer más jóvenes es porque el rechazo a la vejez ha empezado a surgir efecto. En una sociedad en la que se prejubila a los cincuenta, si con suerte has podido mantener tu trabajo, esta fase requiere de grandes dosis de comprensión y de autoaceptación. El camino hacia la tercera edad y qué hagamos de nuestra senectud depende en alto grado de nosotros mismos ya que la actitud con la que hayamos vivido nos acompañará en esta etapa final.

Es evidente que es necesario recuperar valores familiares perdidos para mantener la cadena de aprendizaje en el seno familiar. El llamamiento a la sensatez para vivir la vida tal y como es, respetando las leyes de la naturaleza y las fases de nacimiento, crecimiento y senectud son fundamentales para la sanación de esta sociedad perdida que vaga sin rumbo al haberse desconectado de la Madre Tierra y del sentido común que prodigaban nuestros ancestros.

María Cicuéndez

Author: María Cicuéndez Luna

mariacicuendezluna@gmail.com

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