María Cicuéndez Luna

Periodista especializada en Crecimiento Personal

ESCUCHA EL LATIDO DE LA TIERRA

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Recuerdo gratamente como una amiga amante de la naturaleza me hizo tomar conciencia de cómo la madre tierra nos nutre a diario pasando, fundamentalmente, desapercibida por la mayoría de la gente.

Fueron unos minutos para pararme a darme cuenta de que yo estaba viva porque Gea me permitía estarlo, aportándome alimentos nacidos de sus entrañas, un suelo sobre el que vivir y mantenerme erguida, por su fuerza gravitatoria, en conexión con el padre cielo y la madre tierra, que denominaban los nativos americanos.

Según un reportaje televisivo de los indígenas del amazonas, el latido de la tierra, y el movimiento de la naturaleza se puede escuchar aumentando la percepción humana con plantas medicinales que permiten entrar en un estado alterado de conciencia, sin estar drogado, algo que también consiguen los místicos mediante la meditación. Según explican quienes han tenido esta experiencia, se concibe la tierra como algo vivo, escuchándola respirar y percibiendo cada movimiento como una secuencia de imágenes tal y como se mostraba en el largometraje “Matrix”. Al igual que los hindúes, para los indígenas citados, lo que denominamos “realidad” es “maya” un sueño del alma, por lo que se deduce que la verdadera esencia de la tierra, de la vida, es algo muy diferente a lo que la mayoría de los seres humanos podemos alcanzar a percibir y a comprender.  

En cualquier caso, una realidad tangible para todos es el estado de deterioro creciente del planeta azul. Dice un refrán popular que “cuando el río suena, agua lleva”. El lamento de la Madre tierra se hace cada vez más audible con un cambio climático ya hecho patente, con efectos devastadores para los seres vivos.   En los últimos años, se han disparado las alarmas sociales con reuniones medioambientales a nivel mundial. Los gobiernos de todos los continentes se han visto obligados a  responder a las cuitas de la gente haciendo ver que, al menos, se congregaban para hablar al respecto.  Se ha oído hablar mucho, por tanto, de planes medioambientales para mejorar la calidad de vida del planeta, pero no se han escuchado mensajes que se hicieran eco del ruego ya hecho en 1854 cuando el jefe indio Noah Seattle, o Sealth, pidió respeto a la tierra al presidente norteamericano Franklin Pierce, cuando despojaron a los indios de su hogar para encerrarles en una reserva.

Mandamientos-indios

En el Manifiesto Ambiental de Noah Seattle, el sabio jefe indio pedía como condición de que les echaran de sus tierras, que se educara a los hombres a comprender que la tierra es madre, es sagrada, no algo que se compra, se explota y se vende. “Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra esta enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurriría a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos. Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. 

Todo va enlazado.Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; el es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a si mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con el de amigo a amigo, queda exento del destino común. 

Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios”.

Tal y como explicaba Noah Seattle, el hombre no podía creer controlar la tierra ni a su Creador “Ustedes pueden pensar ahora que Dios les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para El y si se daña se provocaría la ira del creador”.

Ya en 1854 se auguraba las terribles consecuencias que tendría la falta de respeto al planeta como algo sagrado. La extinción de animales y plantas, de seres humanos víctimas de desastres naturales provocados por la contaminación ambiental, en parte.

La clave de la recuperación del planeta, entonces, no reside en reuniones de políticos que buscan encontrar soluciones medioambientales que no perjudiquen a los beneficios de las industrias, esto es obviamente solo de cara a salir bien en la foto. El ruego de la madre tierra va dirigido a cada uno de sus hijos, que mediante la toma de conciencia de este vínculo, cuidarán de ella como invitan a hacer los tres primeros de “Los Diez Principios Nativo Americanos: “Trata a la Tierra y a todo lo que hay en ella con respeto, mantente cerca del Gran Espíritu, muestra gran respeto por tus semejantes”.

Devolviéndole los mimos que la tierra, generosamente, nos concede, quizás, algún día, sin esperarlo, podamos percibir el latido de su corazón, que ya han escuchado algunos afortunados.

María Cicuéndez

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Author: María Cicuéndez Luna

mariacicuendezluna@gmail.com

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