María Cicuéndez Luna

Periodista especializada en Crecimiento Personal

UN CUENTO REAL: VIDA EN PAREJA

1 Comment

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Me contaba una amiga que le gustaría saber la continuación de los cuentos tras el típico final “y vivieron felices y comieron perdices”, y que hubiera preferido que en la conocida historia de “La Bella y la Bestia”, el protagonista no se hubiera transformado en un apuesto príncipe, rompiendo así el encanto y el mensaje del amor sin condiciones de Bella.

Los cuentos, cuentos son, pero desde niños tienen un poder subliminal, especialmente en los corazones más sensibles, marcando unas pautas sutiles sobre cómo deberían de ser las relaciones de pareja, en las que sólo las bellas conquistan el corazón de los príncipes valientes.
 
¿Qué relación tienen estas alusiones infantiles con la realidad? ¿Nos marcan realmente estas lecturas a la hora de proyectar nuestras expectativas en cuanto a nuestra vida en pareja? ¿Qué valores corresponderían ahora a “las Bellas” y cuáles a “las Bestias”?… Nadie está en el corazón de nadie y cada persona tiene el coto privado de sus sentimientos, pero probablemente hasta aquellos que presumen de ser los más duros guarden la necesidad de incorporar en sus vidas algo de romanticismo sincero.
 
Dicen que en las relaciones amorosas uno también entrega  su parte oscura para ser domesticada. Amar los defectos y limitantes de nuestra pareja es probablemente el mayor acto de amor en si mismo, ya que amar sus cualidades es una reacción espontánea como consecuencia de una gran atracción. ¿Qué hacer entonces con los comportamientos que nos producen rechazo en el otro?… ¿Cómo verlo sin juicios ni asperezas, sino con la más absoluta ecuanimidad?… ¿Cómo aprender a ser objetivos?…
 
La continuación de este final  recuerrente de los cuentos, vendría a ser algo así cómo: te entregamos un diamante en bruto para que lo pulas con tu amor y tu paciencia, si perseveras en tu dedicación obtendrás una pieza de arte cristalino, y si te cansas y abandonas, habrás elegido no optar a esa posibilidad. Seguirás errante… y en otro punto del camino, empezarás a pulir otro diamante en bruto o decidirás rendirte para siempre a optar a la belleza de un cristal pulido”…
 
Al igual que los cuarzos se gestan paulatinamente, durante millones de años, en las profundidades de la tierra, el amor de pareja se construye día a día, como cada gota de agua caliza filtrada en una cueva crea una estalactita o una estalagmita, con la constancia, a través del tiempo… Como ocurre con estos depósitos minerales, si estas formaciones crecieran lo suficiente, podrían llegar a “encontrarse” dando como resultado una columna o un pilar en el que basar el vínculo de pareja.
 
Para optar a construir una relación en la que ambos seres se encuentren en su esencia más profunda, los dos tendrían que mirar en una misma dirección, lo que no implica dejar de potenciarse a nivel individual.  
Sin embargo, a menudo, en lugar de centrarnos en nuestro crecimiento personal, caemos en la tendencia generalizada de intentar cambiar al otro para hacerle a “nuestra imagen y semejanza”.

Este intento abarcaría desde detalles nimios como cambiarle el estilismo de los zapatos, hasta someterle a una cirugía estética o apuntarle a un curso de algún tema relacionado con nuestros intereses personales. Es frecuente que, por ejemplo, practicantes de terapias naturales quieran que sus parejas abracen las mismas aficiones, gustos musicales y practicas, cuando probablemente su pareja ya tenga las suyas y éstas sean igual de legítimas y saludables. El querer transformar al otro para que sea nuestra “princesa” o “príncipe perfecto” es un tema inagotable y recurrente, reflejado, con mayor o menor humor, en el mundo de la literatura y del celuloide.
 
Sería aconsejable mirar hacia dentro y empezar a cambiar todo aquello que nos gustaría mejorar de nosotros mismos, en lugar de someter a nuestra pareja a la tiranía de nuestros juicios sin tregua. Si hiciéramos una introspección sincera quizás encontraríamos en nosotros la causa de proyectar en el otro nuestra carencia de autoestima.
 
Ser la mejor “versión” de nosotros mismos y respetar a nuestra pareja sería una manera muy saludable de construir nuestra relación hacia un camino de crecimiento y de desarrollo en común. Entonces, podríamos liberarnos de las “reales coronas” para lucir nuestra humanidad  y amar con naturalidad.
 
María Cicuéndez

 

Author: María Cicuéndez Luna

mariacicuendezluna@gmail.com

One thought on “UN CUENTO REAL: VIDA EN PAREJA

  1. Me ha gustado. He empezado una relación hace poco y reconozco mi tendencia a “mejorarle” cuando lo curioso es que nos enamoramos precisamente de la persona tal cual es, y quizás esas particularidades que queremos mejorar forman parte del conjunto que nos atrajo.
    Es posible que el intentar cambiar a nuestras parejas para mejorar la relación tenga el efecto contrario: perderán el encanto indefinible que nos atrajo al principio.
    Gracias.

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