María Cicuéndez Luna

Periodista especializada en Crecimiento Personal

  EL HOMBRE DEL SIGLO XXI 

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En el inconsciente colectivo de los españoles está un anuncio de Pepsi Cola donde  tres madres presumen del ambicioso futuro profesional que deparará la vida a cada uno de sus bebés.

Varones que entendiendo el horror que parece esperarles, comienzan a gritar con desesperación, fundiéndose esta imagen con la de tres componentes de una banda de rock, que son lo que eligen ser profesionalmente de adultos, no correspondiendo en absoluto con el futuro previsto por sus ambiciosas madres, pero sí, en coherencia con su verdadera personalidad. 

Este simpático anuncio, además de provocar las sonrisas de los más rebeldes, sugiere el tema de la nueva masculinidad, asunto poco tratado por la literatura, si se compara con la gran cantidad de obras cuestionando la imagen tradicional de la mujer desde la aparición del movimiento feminista.

Si la “metrosexualidad varonil” es tema interminable de discusión por los medios, ha pasado bastante desapercibido descubrir “el alma masculina”. Es decir, profundizar en la esencia del hombre, más allá de sus nuevos tratamientos de belleza, exigidos por el guión del “aspirante a ligar”, volviendo a conectar con una imagen mítica de la masculinidad olvidada y oscurecida por nuestra cultura.

Es interesante observar que personas que podrían encarnar el espíritu de la esencia pura del alma masculina y femenina han sido astutamente apartados de las primeras filas de la aceptación popular. Figuras borrosas de la cultura judeo-cristiana, como Juan el Bautista, precursor del Cristo, y María Magdalena han sido las “cenicientas del baile” por no llevar el traje más apropiado, como rudo profeta y como cortesana, aunque produciendo cierta sensación de luz oculta en la oscuridad de sus papeles secundarios en la historia.

En nuestro desarrollo industrial, hemos evolucionado, supuestamente dando la espalda a roles y valores que nuestra cultura ha venido convencionalmente asignando tanto a la mujer como al hombre y que ya no son válidos.

Robert Bly en su obra Iron John se apoya en el cuento de los hermanos Grimm “Juan de Hierro” para desvelar la esencia más auténtica de los valores masculinos, y desarrollar una nueva visión de la masculinidad que podría servir de guía e inspiración a los hombres.

En torno a este relato, van emergiendo las proyecciones de una masculinidad vigorosa, protectora y emocionalmente equilibrada, además de sensible. Según el escritor, “esta nueva visión libera a los hombres de la pesada carga del machismo, culturalmente predominante, permitiéndoles recuperar sus valores más íntimos y auténticos”.

No obstante, al igual que le ocurre a la mujer, el hombre del siglo XXI se encuentra sin referentes a la hora de encontrar su nuevo papel en una sociedad donde la mujer también ha cambiado sus roles. Es por tanto fundamental que ambos sexos sintonicen con las nuevas frecuencias femeninas y masculinas de cara a potenciarse juntos, en lugar de anularse en una guerra de poder sin sentido.

Tras la revolución industrial, los padres han dejado de enseñar un oficio a los hijos, pasando muy poco tiempo con ellos para educarles, ya que tienen que ganar un salario cada vez más difícil de conseguir. La vida empresarial moderna, sumamente competitiva, entierra, la mayoría de las veces, la esencia verdadera de los hombres, que en muchas ocasiones, se convierten en lo que su alma no anhela por el terror a enfrentarse a un camino de lucha por ser uno mismo sin la garantía de un final feliz.

Si el hombre medieval tenía claro que su objetivo era salvar su honor por encima de la deshonra, muchos hombres de hoy en día son insensibles a su propio sufrimiento por vivir cómoda aunque infelizmente. Pocos son los osados a aceptar las pruebas iniciáticas de la Vida enfrentándose a sus propios demonios y temores para poder cantar rock como en el caso del anuncio de Pepsi citado anteriormente.

  • Si el hombre y la mujer solo tienen soldados, o niños avergonzados en su interior, de sus batallas sólo sacarán heridas”, explica el escritor norteamericano, Bly Robert. “El niño no se hará adulto hasta que rompa la adicción a la armonía, y entre a participar con júbilo de las tensiones del mundo”. Lamentablemente, el suplir las carencias afectivas de los hijos, con una sobredosis de regalos, no ayuda a la infancia actual a enfrentarse al mundo en crisis que les espera.

Otra de las causas de ser “el eterno Peter Pan”, el niño de 60 años que nunca creció, es consagrar la vida de hijo para sustituir al esposo, amante y compañero espiritual de la madre, que bien por viudedad o por soledad no permite que el hijo corte el cordón umbilical y vuele para vivir su propia vida.

No obstante, cuando el varón se enfrenta a si mismo, escuchando su propio corazón, puede optar a encontrar las partes oscuras y puras de su alma, recuperándolas, guiado por “El nuevo Adán”, Dios de la Profundidad, las heridas del crecimiento y del sacrificio, y quizás juntos puedan formar una banda de rock.

María Cicuéndez

Author: María Cicuéndez Luna

mariacicuendezluna@gmail.com

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