María Cicuéndez Luna

Periodista especializada en Crecimiento Personal

EN BUSCA DE CARIÑO

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Las diferentes maneras en las que el ser humano busca cariño no dejarán nunca de llamarme la atención.


Casualmente, el otro día, recibí un mensaje al respecto en una bolsa que decía: “lo que buscas está dentro”, y aunque fuera un ardid publicitario para vender el contenido, recordaba una gran verdad que va calando en el subconsciente colectivo.

Cuando veo películas de toda la vida, denominadas “españoladas”,  en las que actores de la talla de Paco Martínez Soria comparten lecciones de humanidad con el resto del reparto, me doy cuenta de que la sociedad pide a gritos  volver a la autenticidad que vivieron otros momentos de la historia. A pesar de que el desarrollo tecnológico fuera mucho menor, la solidaridad y la compasión vivían sus momentos más álgidos.

La sociedad está cambiando sin que alcancemos a responder a tantos estímulos. En esta era en la que el tiempo pasa vertiginosamente, nos vemos obligados a  encontrar nuevas maneras de relacionarnos y de abastecernos de afecto propio y ajeno.

La necesidad de cariño no cambia, a pesar de que inconscientemente creamos no merecerlo. Desde niños desarrollamos diferentes mecanismos para recibir las dosis de amor de nuestro entorno más inmediato. Si  no nos sentimos queridos, entonces, nuestra autoestima se resiente inevitablemente, cayendo en la trampa de creer que tenemos que hacer méritos para conseguir ese amor.

Ya como adultos tenemos que afrontar el reto de aprender a amarnos y a aceptarnos tal y como somos, en lugar de buscar la aceptación y aprobación ajenas amediante nuestros atributos físicos, logros profesionales o status social. 

Como terapeuta observo a menudo, que, en busca de cariño, muchas personas asisten a talleres de crecimiento personal sin demasiado interés en la temática. En ese caso, sería aconsejable buscar actividades para socializar porque no tiene sentido zambullirse en una sanación emocional sin la intención de pasar por la transformación que implica.

La experiencia me demuestra que, con frecuencia, por puro desconocimiento y desintencionadamente, mucha gente obvia este trabajo interior para quedarse con el mero hecho de “realizar una actividad diferente, en compañía”, a pesar de que las propuestas de estos cursos conlleven la dolorosa y ardua tarea de enfrentarnos al lado más escondido de nuestra personalidad para sanarlo.

Muchos ejercicios del temario de estos talleres implican contacto físico para conectar con emociones, abrazos, estiramiento en parejas, bailes etc..
lo que da la posibilidad de intercambiar calor humano a “módicos precios” en la minoría de los casos. Esta opción, tan atractiva para muchos, representa la punta del iceberg del objetivo real de los citados cursos, obviando su trascendencia.
 
Cada persona es una y sus circunstancias y nadie está en el corazón de otro para descubrir qué le mueve. Por tanto no hay juicios, ni críticas ante la manera de relacionarnos. Tan sólo comparto una reflexión sobre el asombro que me produce la competición por el afecto en todas las etapas y entornos de la vida, de niños con nuestros hermanos, e incluso con nuestros padres, y ya de adultos, con casi todo el mundo. Si cada uno aprendiera a quererse y a autonutrirse de afecto, entonces no habría que pasar por el “automachaque diario” para ser valorados por nuestros padres, hijos, parejas, jefes, compañeros de trabajo y entorno social en general.

Una vez que aprendiéramos a tratarnos con respeto, afecto y dignidad, podríamos seguir desarrollándonos mediante actividades como cursos de crecimiento personal para cumplir lo que su nombre indica, evolucionar como seres humanos, en lugar de buscar un hueco en un lugar, donde aparentemente, en principio se suele recibir a la gente con afabilidad y donde es propicio relacionarse cordialmente, con mayor o menor profundidad.

 
Cómo, cuándo y con quién encontramos afecto es un camino abierto y libre para cada individuo, teniendo en común  el corazón humano como destino.
 
María Cicuéndez

 

 

Author: María Cicuéndez Luna

mariacicuendezluna@gmail.com

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